Para el anochecer ocurrió lo que esperaba, el temido momento de regresar a la villa, en todo el camino iba temblando silenciosamente sin hacerse muy obvia, apretaba las piernas para limitar los espasmos que soltaban sus tobillos. Estaba sudando frío en ese momento y le costaba respirar con facilidad.
Al llegar dentro, ella no quiso pasar a su habitación y en cambio se quedó en la sala un poco más para esperar hasta que fuera la hora de la cena, Herman por su lado, sí había ido a la suya para