Él había estado todo el día trabajando y no había vuelto a tratar con ella desde la mañana. Al pensar que estaba molesta con él, creyó que lo mejor era no molestarla. Durante el día, ella ni siquiera le había dirigido la palabra y él no la iba a forzar hacerlo.
Pero ahora el panorama había cambiado de orientación, ahora era ella la que estaba ante él, llamando a su puerta y con la inesperada declaración de querer dormir allí.
—¿Por qué? —increpó.
—Solo quiero dormir aquí esta noche.
Él sol