୧ XLIII ୨

—No estaba huyendo —susurré, apenas audible.

—¿No? —repitió, con una incredulidad ve

Su tono era bajo, firme, casi hiriente—. Entonces dime… ¿por qué me has estado evitando?

Sus ojos se entrecerraron, examinándome con la misma precisión con la que un depredador estudia a su presa.

—No pretendas convencerme de que todas esas excusas tuyas fueron simple coincidencia.

No hacía falta que levantara la voz. Su calma era suficiente para
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