A pesar de tener la victoria al alcance de su mano, Nuriel no parecía moverse.
Su espada seguía apuntando hacia su hermano, pero había algo en su mirada que no era de odio ni venganza. Había confusión, incertidumbre, y un peso invisible que parecía hundir sus hombros aún más que la propia batalla.
Había algo más profundo, algo que solo ella podía comprender.
Aunque su posición era indiscutiblemente ventajosa, y a pesar de haber derriba