La mente de Pilar realmente era un torbellino que no le daba descanso, aunque estaba allí recostada sobre la gran bañera permitiendo que el agua tibia tratará de llevarse de ella toda la tensión que su cuerpo soportaba, no lo conseguía, porque su mente solo podía repetir la charla de Pamela, o mejor dicho su confesión, una y otra vez, y de momento sentía ganas de gritar y maldecir, ir por esa castaña y golpearla tan duro, como para enviarla al hospital.
¿Cómo podía ser posible que esa mujer se haya creído con el derecho de jugar de esa forma con su vida?, con su futuro, con todo lo que ella tenía pensado hacer, ¿qué tanto poder tenía esa mujer y quién era realmente para haber destrozado su vida de esa forma?, y todo bajo la excusa de que Ares merecía ser feliz.
¿Qué poder divino le había dado la autorización a esa mujer para creerse un Dios para disponer de su futuro de esa forma?, para haber destruido su vida al completo, y todo lo que ella había soñado con Daniel.
Y fue el recuerdo