La mente de Pilar realmente era un torbellino que no le daba descanso, aunque estaba allí recostada sobre la gran bañera permitiendo que el agua tibia tratará de llevarse de ella toda la tensión que su cuerpo soportaba, no lo conseguía, porque su mente solo podía repetir la charla de Pamela, o mejor dicho su confesión, una y otra vez, y de momento sentía ganas de gritar y maldecir, ir por esa castaña y golpearla tan duro, como para enviarla al hospital.
¿Cómo podía ser posible que esa mujer se