Capítulo Treinta

La valentía de Pilar solo ocasionó que Ares enamorar aún más de ella, porque este hombre sabía que Pilar no estaba tomando su oferta a modo de venganza, solo era ella sin querer darse por vencida, y eso para Ares estaba bien, pero estaba aún mejor el permitirle observar desde primera fila la caída de ese bueno para nada de Daniel Duarte.

Cuando la cena finalizó Esther por supuesto que se ofreció a su hija a ayudarle con Caleb, mientras Rosamel ingresaba en la habitación de huéspedes, Esther aprovechaba ese tiempo para hablar con su hija, en la que ella creía era la recámara de su hija, pues hasta el momento a ninguno de los señores Padilla se les había ocurrido preguntar, o mejor dicho imaginar, que Ares y Pilar pudiesen estar compartiendo habitación.

Mientras tanto Ares ingresó a su oficina y finalmente llamo a la residencia de sus padres.

—Ares, hijo ¿eres tú?

Indago con verdadera preocupación Elizabeth.

—Hola, mamá.

Al fin, luego de un mes, Ares se permitía escuchar la voz de su ma
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