El beso de Pilar comenzó suave, inocente, cargado de agradecimiento y ternura, sin embargo, las manos de Ares, en su cintura, la fuerza en la que este la atrajo a su fornido pecho, y el pequeño gemido que Pilar libero de puro gusto, hizo que la pasión que Ares llevaba contenida, al fin desbordara.
Ares sabía que debía ir con cautela, darle tiempo a Pilar a que desarrollara sentimientos por él, pero su cuerpo no pasaba por alto que hacía casi tres años, que él no tocaba a ninguna mujer, para ser más precisos, desde el día que quedo locamente obsesionado por Pilar.
Mientras la castaña se sentía mareada, porque ese beso era muy distinto a todos los que ya se habían dado, quizás era el hecho que fue ella quien lo beso, tal vez, su cuerpo aun guardaba todo ese coctel hormonal que retuvo durante su embarazo ante la indiferencia y rechazo de Daniel, quizás, ella en verdad necesitaba sentirse mujer una vez más, pues hacia más de medio años que el que era su esposo, la veía casi con asco.
Fues