Pilar acababa de recostar a Caleb en la cuna, ni siquiera recordaba que había sucedido en el desayuno, aunque sabía que había desayunado, pero es que su mente estaba envuelta en un torrente de pensamientos sin sentido, o quizás cargados de miedos.
¿Qué era lo que había hecho?, ella en verdad había atravesado esa frágil y delgada línea entre Ares y ella, y ahora, ¿qué era lo que debía hacer? ¿Cómo lo miraría a la cara?, aún estaba agradecida de que al despertar Ares no estuviese allí, pero eso cambiaría de un momento al otro, porque el magnate regresaría a su hogar… ¿lo haría verdad?
—¿En qué es lo que piensas?, ¿qué es lo que te tiene mirando un punto fijo en la pared?, porque créeme que hace cinco minutos que estoy mirando la misma pared que tú, y no encuentro ni una sola mancha que pueda haber capturado tu atención.
La voz de Esther era suave, no tanto porque su nieto estuviese durmiendo, sino porque conocía demasiado bien a su hija, en su hogar jamás se había levantado la voz, exce