Ares fue paciente con su madre, escuchó atentamente cada regaño que esta tenía para él, después de todo, fueron meses de ausencia, de un silencio que a Elizabeth le inquietaba.
Quizás las emociones que Ares sentía en este momento reflejaban su amor y preocupación por Caleb, tal vez se debía a que había visto la desolación y la tristeza en el rostro de Esther, fuese lo que fuese, en ese momento se sentía el peor de los hijos, por el solo hecho de haber pensado en acabar con su vida, la culpa lo atravesaba de tal forma que por poco y no podía ver los ojos de su madre.
—Bueno creo que tu madre ya ha terminado de regañarte.
Dijo divertido Mateo, y Ares se preguntó por qué su padre no podía mostrar esa sonrisa en público, aunque quizás él era como su padre, el sonreír para los demás no le apetecía, sus verdaderas emociones siempre se las mostraba a quienes realmente apreciaba, el mundo en general no le importa, Ares solo sonreía con su familia y por supuesto más que nada Pilar, era casi ir