¿Cuánto tiempo había pasado? Minutos, horas quizás, Mateo no lo sabía, y, a decir verdad, tampoco le interesaba, porque en el tiempo transcurrido su hijo le había dicho la verdad, toda la verdad.
Y ¿qué era lo que incluía esa verdad?, fácil, Mateo estaba al tanto de que Ares sentía amor, obsesión, fijación, alguna cosa de esas o las tres juntas hacia Pilar Padilla, misma mujer que estaba durmiendo en la recámara de invitados, porque había dado a luz al pequeño niño que, Ares aún sujetaba entre sus brazos, un niño que las pruebas de ADN habían indicado que no era de Daniel, y aunque el primer pensamiento de Mateo fue que lo más probable era que Pilar hubiese engañado a su esposo, solo le bastó ver el fuego en la mirada de su hijo, para retractarse incluso mentalmente, pues el mayor no había dicho palabra alguna, mientras Ares llevaba adelante su relato, y mucho menos ahora que estaba procesando todo lo que había escuchado.
Y ¿qué es lo que había escuchado?, la tortura psicológica en la