El silencio se convirtió en un manto espeso quien volvió todo en aquella oficina mientras la mirada de Ian se clavaba en Pamela.
—De acuerdo, esto me está comenzando a preocupar, algo que no debería ser el caso, porque bien sabes mi reina, que yo a ti te sigo a sol y a sombra, soy tu caballero, y tu lacayo, según tú lo requieras, no quiero que las locuras de este imbécil me arrastren, estoy más que dispuesto de compartirte con Ares, solo no me dejes.
La locura del amor, se dijo Macarena, no se