El día recibió a Ares con una mezcla de sentimientos, por un lado, no podía evitar sentirse feliz de que Pilar hubiese notado su enfado la noche anterior; por otro, el recuerdo de cómo solía “arreglar” todo con Daniel, a fuerza de reconciliaciones vacías, urgentes, que disolvían el conflicto pero no lo curaban, le encendía una furia antigua, espesa, que subía por la garganta como una promesa de venganza, aunque claro que no contra ella, jamás, seria contra Pilar, porque si había un alma inocen