Rosamel era atravesado por un cúmulo de emociones que por poco y lo hacían de fallecer, el enfado era quizás de la que más se percataban todos los que estaban a su alrededor, y aun así, en el interior del mayor lo que más sentía era la angustia, ese sentir amargo que le decía casi de forma burlesca, que tan estúpido había sido, como le había fallado a su hija, cómo había permitido, que su pequeña niña viviera entre ese tipo de monstruos, qué tan desamparada había dejado a Pilar, mientras él se