Observo a Austin y a Natasha, abrazados.
No, fijándome bien, ella es quien abraza a Austin, pero él no tarda en apartarla tal y como lo hizo con Claudia.
—Ya te dije que no me toques. ¡No te soporto! Sé lo que intentan tú y mi abuela, pero no permitiré que ofendan o humillen a mi esposa. —Le dice Austin, muy decidido, y el corazón me da un vuelco, porque yo sabía que él no me podía fallar.
Natasha, le sonríe con malicia.
—¿Tu esposa?, por favor, te recuerdo que hasta hace tan s