Desde la mañana en que mis ojos brillaron en el lago, algo dentro de mí cambió de forma definitiva. Cada sonido, cada aroma, cada sombra parecía ahora más vívida, como si una capa invisible se hubiera rasgado de la realidad. El viento me traía fragmentos de conversaciones que no debía oír; podía distinguir el vuelo de un colibrí entre cientos de árboles.
No podía contárselo a nadie. Ni siquiera a mi madre, que desde mi último cuestionamiento parecía más cerrada que nunca.
Así que me lancé a bus