El sueño era distinto esta vez.
No había sombras acechándome ni lobos corriendo a lo lejos. Solo uno. Un lobo blanco, herido, con una mirada antigua y sabia, acostado bajo la luna llena. Su pelaje estaba manchado de sangre en un costado y su respiración era irregular, como si acabara de sobrevivir a una batalla. Me miró directamente a los ojos.
—Ayla… —susurró con una voz que no era humana. Ni masculina ni femenina. Solo… eterna.
Desperté sobresaltada, con el corazón latiendo como un tambor fre