Rebeka y Diego descansaban aún abrazados, si Diego era intenso, Rebeka no era diferente, ella se encendía y también lo deseaba como una necesidad primaria, escucharon unos ligeros golpes en la puerta, pero después de unos minutos cesaron.
—Debe ser Guadalupe —comentó Rebeka con remordimiento y Diego hizo un mohín—, no seas malo con ella y entiendela, tiene necesidad y viene una tonta como yo desconsiderada a la que no le ha faltado nada en la vida y le pone un fajo de dinero en las manos,