Capítulo 59. La Soga al Cuello.
La llamada anónima sobre el rosal de las peonías había sido el golpe de gracia para la ya frágil estabilidad de Amelia. No había encontrado nada, pero la amenaza, el detalle específico del jardín de la nueva mansión, era demasiado real.
La línea entre la paranoia y la realidad se desdibujaba con cada hora que pasaba. La boda se acercaba en el calendario, un día que prometía felicidad pero que Amelia sentía como una sentencia. Sus trillizos pateaban con más fuerza, recordándole la urgencia de su