El vuelo del ave herida
El motor del auto de Alexander rugía, un reflejo del caos que bullía en su pecho. Justo cuando se disponía a cruzar el pórtico de la mansión, un sedán negro le bloqueó el paso. Era Arturo, su padre. Con un gesto firme, Arturo le indicó que se detuviera.
Alexander bajó la ventanilla, exhalando un suspiro cargado de frustración. —¿A dónde vas con tanta prisa, hijo? —preguntó Arturo, acercándose al vehículo.
—Al club, papá. Necesito aire, necesito silencio. Siento que las p