Capítulo 45

El nido vacío

El silencio que quedó en el vestíbulo tras la salida de Elena fue roto únicamente por el siseo del viento contra los cristales. Victoria permanecía de pie frente a la gran ventana del salón, con una mano sosteniendo una copa de cristal y una sonrisa que no auguraba nada bueno. Sus ojos, afilados como los de un halcón, habían seguido la silueta de Elena y la empleada hasta que se perdieron en la oscuridad del sendero.

Flor bajaba las escaleras con paso lento, ajustándose el chal so
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