El nido vacío
El silencio que quedó en el vestíbulo tras la salida de Elena fue roto únicamente por el siseo del viento contra los cristales. Victoria permanecía de pie frente a la gran ventana del salón, con una mano sosteniendo una copa de cristal y una sonrisa que no auguraba nada bueno. Sus ojos, afilados como los de un halcón, habían seguido la silueta de Elena y la empleada hasta que se perdieron en la oscuridad del sendero.
Flor bajaba las escaleras con paso lento, ajustándose el chal so