El veneno de la duda
El aire en la habitación de Elena se sentía enrarecido, como si las paredes de la mansión estuvieran absorbiendo el oxígeno. Caminaba de un lado a otro, con el roce de sus manos sobre su vientre convertido en un tic nervioso. La revelación de Julieta sobre el álbum de fotos seguía ahí, flotando en su mente, pero el peso del contrato y las amenazas de Alexander eran una realidad mucho más sólida.
—Tengo que irme —susurró para sí misma, con la voz entrecortada—. Yo puedo con