El sabor de la desconfianza
Elena cerró los ojos un segundo, procesando las palabras de Julieta. El álbum, las fotos, la supuesta confesión de que Alexander la amaba desde la app... Todo sonaba a un cuento de hadas que no encajaba con el hombre frío que la había amenazado con abogados semanas atrás. Su inseguridad, alimentada por meses de desplantes, era un muro demasiado alto para ser derribado con una charla de pasillo.
Justo en ese momento, la puerta del consultorio se abrió con un chasquido