Carlos escuchaba en absoluto silencio, tomando notas rápidas en una libreta pequeña con un bolígrafo negro. Su mente volaba a mil por hora, uniendo los puntos que antes parecían irrelevantes. —Si el niño es el heredero universal y Alexander muere, los fondos quedan bloqueados en un fideicomiso hasta que el menor cumpla la mayoría de edad —murmuró Carlos, pensando en voz alta—. Y la persona que tenga la custodia legal del niño tendría el control de facto sobre la administración de esos bienes.
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