Sangre y seda roja
La mansión Blackwood se había convertido en un hervidero de actividad. Elena estaba sentada frente al tocador de la habitación principal, rodeada de tres estilistas que se movían con la precisión de cirujanos. Alexander había cumplido su palabra: un equipo de expertos estaba allí para "transformarla".
Sobre la cama descansaba el vestido. Era una pieza de alta costura en color rojo carmesí, con un escote elegante pero sugerente y una caída de seda que pesaba como el destino m