El veneno del silencio
El Gran Salón Imperial era una pecera de cristal y oro donde Elena se sentía como una presa expuesta. El vestido rojo, que antes le daba un rastro de valentía, ahora se sentía como una marca de fuego sobre su piel. Alexander caminaba a su lado, su mano firme en su cintura, reclamando su territorio ante las miradas de desprecio de la alta sociedad.
De pronto, el teléfono de Alexander vibró. Él lo sacó del bolsillo, frunció el ceño y miró a Elena con esa frialdad que la hac