Dulce amargura y mandatos
El sótano de archivos estaba sumido en un silencio denso, solo interrumpido por el zumbido de los ventiladores y el crujido del papel. Elena estaba sentada en su pequeño escritorio de metal, rodeada de cajas de cartón que parecían murallas protegiéndola del mundo exterior. En su mano derecha sostenía lo que quedaba de la torta de chocolate; el dulce, que antes le había dado consuelo, ahora se sentía como ceniza en su boca mientras las lágrimas silenciosas mojaban sus m