La fragilidad
El aire en la suite del hotel se sentía denso, casi irrespirable. Elena caminaba de un lado a otro, sus tacones marcando un ritmo errático sobre la alfombra. Sus manos, entrelazadas frente a su pecho, no dejaban de masajearse los nudillos. Taylor la observaba desde el sofá, con la espalda tensa y una expresión de creciente preocupación. Él conocía cada uno de sus gestos, y sabía que Elena estaba al borde de un colapso nervioso.
De pronto, el silencio fue interrumpido por el vibrar