El peso de la verdad
El eco de los pasos apresurados resonaba en el mármol del vestíbulo mientras el ascensor escupía a Alexander y Elena en el estacionamiento subterráneo. El aire aquí era denso, impregnado de olor a combustible y cemento frío, una atmósfera que encajaba perfectamente con el torbellino de furia que arrastraba a Alexander. Su mano rodeaba la muñeca de Elena con una firmeza que no dejaba lugar a dudas: ya no aceptaría un "no" por respuesta.
—¡Suéltame, imbécil! —¡Me estás lastim