El derrumbe de la gran mentira
La mansión Blackwood, con sus techos altos y sus pasillos silenciosos, siempre había sido para Alexander un símbolo de orden y poder. Pero hoy, mientras cruzaba el umbral, las paredes de mármol le parecieron frías lápidas. Cada paso que daba resonaba con la verdad que Leonor le había entregado: este lugar era una jaula de mentiras construida por la mujer que le dio la vida.
Al entrar en la sala principal, la escena frente a él le arrancó un suspiro entrecortado.