El despertar de la verdad
El eco del suave toque en la puerta de roble resonó en el despacho de Alexander como un disparo en medio de la noche. Él no necesitaba preguntar quién era; conocía el ritmo de ese pulso, la vacilación sutil antes de cada golpe. Era ella. Su esposa. Su tormento.
Alexander suspiró profundamente, sintiendo cómo el aire le quemaba los pulmones. Se puso de pie con una elegancia depredadora, ajustó su saco de sastre y caminó hacia el ventanal que ofrecía una vista panorámica