—Admito que, románticamente hablando, hay cierta atracción —admite Giorgia, siendo honesta con él y consigo misma.
Julian traga y toma aire. Su respuesta es una mierda que no le agrada y se siente como tragar ácido que corroe todo su sistema mientras avanza por su garganta, por su faringe y por su estómago. Su lado más primitivo, salvaje, animal, ese cavernícola que quiere agarrarla del pelo para demostrarle quién es su hombre amenaza con salir a flote, pero se contiene; aunque sus manos afirma