Cuando Julian llega a su habitación de hotel, luego de la larga jornada laboral que para él fue una verdadera tortura por las múltiples veces en que fantaseó follarse a Giorgia en cada rincón de la oficina: sobre el escritorio, en el ascensor, en la pequeña oficina de fotocopias, en los baños, sobre la mesa de juntas o en algún rinconcito alejado de la vista de los empleados, su polla duele debajo de los pantalones y se siente tan agotado como si hubiera corrido en una maratón.
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