El día domingo, Giorgia se encuentra en la cocina de la mansión de su padre ayudándole a la cocinera a preparar el almuerzo y los bocadillos, cuando escucha el rugido del motor de un auto detenerse frente a la casa. Asoma por la ventana y, al reconocer el McLaren, una mezcla de nervios y alegría le recorre el cuerpo.
Julian ha cumplido su palabra. Le ha dicho que el domingo iba a llegar a la casa de su padre, y ahora está allí, dispuesto a enfrentar lo inevitable: hablar con su padre.
—¡Papá!