El sol empieza a asomarse por el horizonte y a filtrarse por las ventanas de la suite; lo único que se oye es la respiración ligera de Giorgia, que duerme apoyada en el pecho desnudo de Julian, mientras le acaricia el pelo que le cae por el hombro. Él es consciente de que los minutos que les quedan para estar tan juntos se esfuman, porque, por los momentos, su participación en la renovación del hotel está por terminar y pronto deberán volver a Nueva York.
Julian cierra los ojos e inspira hondo