Julian conduce rumbo a su departamento, con la mente todavía revuelta después de haber dejado a Giorgia frente a su edificio. Apenas ha rodado unas manzanas cuando su teléfono vibra: la pantalla muestra el nombre de ella.
—Giorgia… —murmura, con una sonrisa que se le dibuja automáticamente, pensando que ella lo llama para volver a pedirle que regrese y pase la noche con ella.
«Si insistes mucho, puede que termine cediendo ante la tentación y vaya a darte un poco de cariño, gordita», piensa.
Per