Gabriele ajustó sus gafas oscuras con una mano insegura, mientras el sol del mediodía ardía en lo alto, cegando. Con la otra, se aferraba al brazo de Luciano como si fuera su único apoyo en un mundo que parecía tambalearse. No recordaba la última vez que había caminado entre gente sin sentir miedo a que lo miraran.
—¿Cariño, estás seguro de que quieres hacer esto? —Preguntó Luciano, con voz suave, atento a su respuesta.
—No lo sé —susurró Gabriele, con la voz vacilante, y se detuvo frente al re