El frío de la noche se filtraba por las rendijas del garaje de la casa de Amalia. La luz difusa se reflejaba sobre el capó del auto de Gabriele, quien ya tenía la mano en la llave, dispuesto a irse. Sentía que un nudo ardía en su corazón, los pensamientos revueltos y una mezcla insoportable de celos, tristeza y rabia.
Había pasado toda la noche fingiendo que no le importaba ver a Luciano aparecer del brazo de Azzurra, fingiendo que no le interesaba las miradas, los comentarios, las sonrisas fals