La semana había pasado tranquila desde aquella primera vez.
Michael seguía tratándola con el mismo respeto y paciencia de siempre. Aunque ahora, había algo diferente entre ellos. Algo más intenso, más eléctrico.
Era un sábado por la tarde. Julieta dormía una siesta ligera en la habitación, mientras Michael, sintiendo la sangre arderle en las venas, decidió encerrarse en el baño como de costumbre.
Cerró la puerta con cuidado. Se apoyó en el lavabo, respirando hondo.
—Es normal... —se dijo a sí m