Capítulo 63.- Una pregunta inocente.
Daneika
Dos años después
A pesar de todo, el tiempo nunca dejó de correr. Dos años podían sentirse como un pestañeo o como una eternidad, dependiendo de las cicatrices que uno cargara en el alma.
Para mí, habían sido lo segundo. Dos años de recuperación física en tierras extranjeras, de noches interminables entre médicos y terapias, de aprender a caminar de nuevo sin que mi cuerpo temblara como si cada paso fuera una amenaza.
Y, sobre todo, de enfrentarme a la maternidad en la sombra.
El traslado a Suiza fue apenas el inicio. Los médicos de la clínica lucharon sin descanso por salvarme a mí y a la vida que crecía dentro de mi vientre. Contra todo pronóstico, después de meses de incertidumbre, lágrimas y rezos silenciosos, mi hija nació.
Una niña pequeña, de llanto fuerte y ojos que parecían heredar la intensidad de Frederick. La llamamos Fredaika.
Pues loco que pareciera quise combinar el nombre de su padre junto al mío. Ella debía tener un nombre hermoso, fuerte y valiente así co