Epílogo.
(Cuatro meses después)
—¡Mami! ¿Por qué estamos en este lugar? —pregunta mi pequeña princesa con la duda reflejada en sus hermosos ojitos azules, esos tan parecidos a los de su padre, con la mirada triste esperando una respuesta.
—Venimos a despedir a alguien que fue muy importante para nosotras mi vida. —acaricio su cabello con ternura.
—¿Eso quiere decir que se fue al cielo mami? ¿Que va a estar desde el cielo cuidando de nosotras? —su agarre se aferra a su peluche blanco.
—Así es mi tesoro. —respondí con un nudo en la garganta y un profundo dolor por esta terrible pérdida—, Desde el cielo nos va a cuidar.
Giro para volver la vista al ataúd, ese en donde su cuerpo reposará por la eternidad. Sabiendo que nunca más nos vamos a volver a ver. Ya el tiempo se encargará reencontrarnos en algún lugar, pero por el momento solo debo aprender a vivir con sus recuerdos. Esos maravillosos momentos que vivimos y que atesoraré en lo más profundo de mi corazón.
Luego de despertarme en el hos