Abdil
María y Baruk entran como sin nada a la cocina, ella ya no parece enojada o siquiera ofendida, incluso ríe de las estupideces que dice mi primo. Amin se sintió un poco mal, pero al pensar en las cosas que hacía o decía María se le pasaba.
— ¿Ya se te pasó el enojo? — pregunta Amin con burla, ella le sonríe y asiente besando la mejilla de Baruk.
Hijo de puta afortunado.
— Si, gracias a mi abuela y a Baruk — él la mira embobado, toca la mejilla dónde ella le besó y le devuelve el gesto — Te