María Isabel
Observo como Abdil está pegado a la puerta con el rostro tenso, los dedos blancos de tanto apartar la madera, su cuerpo literalmente parece un ancla en el suelo. Baruk viene detrás de mí, me sostiene de la cintura y hace que nos acerquemos a él y a quien sea que esté en la puerta.
— ¿Abdil? Oye, está bien que puedes llegar a ser un inútil pero sostener puertas no es un empleo —- que mal chiste, no me gusta su sentido del humor.
Se queda helado cuando ve a los tres hombres y a una m