En Estambul, las paredes de las mansiones históricas guardan secretos que la modernidad jamás logrará borrar. Para un hombre como Aras Köksal, criado bajo las estrictas normas de una estirpe donde el apellido y el linaje son los cimientos de la existencia, la traición no es solo una ofensa personal; es un sacrilegio.
Cuando descubrió que la muerte de su primera esposa, Leyla, no había sido producto de una enfermedad natural, sino el resultado lento y calculado de un veneno administrado desde