MELANI
Llevaba dos semanas viviendo en mi pequeño apartamento cerca del Ringstraße, un espacio que olía a pintura fresca y a una libertad que todavía me quedaba demasiado grande. Me fui de la villa esperando que el silencio de mi ausencia fuera el trueno que despertara a Diego, pero lo único que obtuve fue un goteo incesante de mensajes vacíos, ramos de flores que morían en el vestíbulo y llamadas que cortaba a los tres segundos. Diego me buscaba, sí, pero me buscaba para que yo lo salvara de