MELANI FERNÁNDEZ
Me miré al espejo del vestidor y exhalé un suspiro que llevaba contenido desde que aterricé en Estambul. Mis ojos reflejaban un cansancio que el maquillaje apenas lograba disimular; no era solo falta de sueño, era la fatiga crónica de ser siempre la extranjera, la que debe aprender a caminar, hablar y comer de nuevo para encajar.
Recordé las palabras de Aras: "No dejes que esta ciudad te endurezca".
—Melani, tú puedes —me susurré a mí misma, ajustando el cinturón beige