Aras Köksal
Hoy llegué más temprano que de costumbre. Con la reestructuración en marcha, el personal estaba más nervioso en los últimos días. Para evitar cualquier levantamiento o huelga que perjudicara la imagen de la empresa, tenía que mantener mi presencia desde las primeras horas. Los rayos de sol de la mañana golpeaban los cristales, pero el aire en el vestíbulo se sentía extrañamente denso. Los empleados bajaban la vista al verme pasar, un signo inequívoco de que el veneno ya había empe