Melani se quedó en silencio, con la mirada fija en la nada. Su mente analítica estaba procesando la situación a una velocidad vertiginosa, pero no por las razones que Aras creía. El nombre de Diego pesaba en su garganta como un secreto de plomo. Ahora, al unir las piezas, Melani comprendía la macabra genialidad de su exesposo: Diego siempre había sido tan protector y estratégico como ella. Esos treinta mil dólares mensuales que goteaban en la cuenta de sus padres no eran solo un hilo de manipul