Diego
El aire frío del balcón de la Ópera no fue suficiente para apagar el incendio que Verónica había encendido en mi pecho con solo una frase. La vi alejarse, con ese caminar seguro que solía ser mi perdición, y sentí que la estructura de mi vida, esa que tanto me había costado levantar junto a Melani, crujía como madera vieja.
Miré hacia donde estaba Melani. Se veía impecable, sosteniendo su copa con una dignidad que me hacía sentir como el ser más despreciable del mundo. Ella era el b