Melani
El aire de la noche en Viena nunca se había sentido tan cortante y seco. Salir de la Ópera sola, con la espalda recta mientras sentía el peso de cientos de miradas cargadas de lástima y morbo, fue el acto de actuación más difícil de mi vida.
—Lena, por favor… necesito verte —fue lo único que pude decir cuando me contestó el teléfono, con la voz rota y el frío traspasando la tela del vestido.
Nos encontramos en la puerta de un bar pequeño, lejos del brillo pretencioso de la zona El