Melani Fernández
—Señor Köksal... yo... voy de salida —atiné a decir, apretando el asa de mi maleta.
—Yo también. Mi vuelo a Estambul sale en una hora. Sospecho que el suyo también, ya que es la única conexión lógica para cruzar el Atlántico desde aquí —hizo un gesto casi imperceptible hacia la sala VIP—. Acompáñeme a tomar un café. No era una petición de negocios, era una cortesía entre viajeros que dejan atrás una ciudad fría.
Minutos después, estábamos sentados frente a frente. El